Cómo ir sanando nuestras heridas emocionales

Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. Estas heridas pueden ser múltiples y podemos llamarlas de muchas formas: traición, humillación, desconfianza, abandono, injusticia. A pesar de ello, debemos de hacernos conscientes de nuestras heridas emocionales y evitar maquillarlas, ya que cuanto más tiempo sea el que esperemos para sanarlas, más se agravarán. Además, cuando estamos heridos, vivimos de forma constante situaciones que tocan nuestro dolor y hacen que nos pongamos múltiples máscaras por el miedo a revivir nuestro dolor.

  • Aceptar la herida como parte de uno mismo

La herida existe, podés estar o no de acuerdo con el hecho de que existe, pero el primer paso es aceptar esa posibilidad. Aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano. No somos mejores o peores solo porque algo nos haga daño. Haberte construido una coraza de protección es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito pero que en un momento caduca porque ya ha cumplido su función. Una vez que la herida está abierta y la podés ver, es momento de pensar en sanarla. Aceptar nuestras heridas resulta muy beneficioso, entre otras cosas, porque nos ayuda a no querer cambiarnos a nosotros mismos.

  • Aceptar el hecho de que cualquier reproche, uno se lo hace a sí mismo y, a los demás

La voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la paciencia, la compasión y la comprensión con nosotros mismos. Estas cualidades que desarrollarás para con vos, luego también las desarrollarás para con los demás, lo que alimentará el propio bienestar. A veces no nos damos cuenta de que ponemos nuestras expectativas vitales en los demás, esperando que suplan nuestras carencias y que colmen nuestras esperanzas. Lo cierto es que nuestro comportamiento lleva a anular nuestras relaciones y gran parte de nuestra vida, generando gran malestar porque los demás no responden como esperamos.

  • Hay que permitirse enojarse con quienes alimentaron esa herida

Cuanto más nos lastimen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enojo e ira hacia quien nos perjudicó. Es importante darse permiso para eenojarse con ellos y para poder perdonarse a uno mismo. De lo contrario, desahogarás todo ese rencor ccon vos mismo y con los demás, y, al hacerlo, es como si estuvieras rasgando tus heridas de forma constante. Sentirse culpable dificulta el perdón, pero liberarnos de esa culpa y el rencor es la única forma de sanar nuestras heridas. También es necesario perdonar, porque debemos aceptar que las personas que lastiman es altamente probable que lleven dentro un profundo dolor. Nosotros mismos dañamos a los demás con las máscaras que nos ponemos para proteger nuestras heridas.

  • No existe transformación alguna si no se curan las heridas emocionales

Estas heridas emocionales te van a enseñar algo, aunque es probable que te cueste aceptarlo porque nuestro ego crea una barrera de protección bastante eficaz para ocultar nuestros problemas. Lo cierto es que, normalmente, el ego quiere y cree tomar el camino más fácil, pero en realidad nos complica la vida. Son nuestros pensamientos, reflexiones y actuaciones los que nos la simplifican, aunque nos parezca demasiado complicado por el esfuerzo que requiere. Intentamos esconder la herida que más nos hace sufrir porque tememos mirar de frente a nuestra herida y revivirla. Esto nos hace portar máscaras y agravar las consecuencias del problema que tenemos, pues, entre otras cosas, dejamos de ser nosotros mismos.

  • No apurarse en analizar cómo te apegaste a esa herida

Lo ideal es deshacernos de las máscaras cuanto antes, sin juzgarnos ni criticarnos. Esto permite identificar cómo debemos tratar nuestras heridas para sanarlas. Es posible cambiar de máscara en un mismo día o llevar la misma durante meses o días. Entonces, sabrás que estás en un camino y que en el resto del viaje, tu guía será la inercia que te permita sentirte bien sin ocultarte.

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