El estrés puede causar herpes

A la mayoría nos ha pasado alguna vez. Basta con pasar por una época de preocupaciones, de presión excesiva o de inquietud para percibir como a los pocos días asoma, con terrible escozor, esa ampolla del labio. El herpes por estrés es una condición común, un hecho que nos demuestra una vez más cómo nuestras emociones modifican y alteran la salud y el equilibrio orgánico. Es importante también destacar que se trata de un VIRUS (los antibióticos de nada sirven).

Sabemos que nada es tan habitual como el clásico herpes simple (VHS-1), esa infección vírica que una vez aparece siempre permanece latente. Es suficiente con tener un poco de fiebre o pasar por unos días de decaimiento o tensión mental para que aparezcan esas pequeñas, pero molestas úlceras. Ahora bien, hay otros tipos de herpes que pueden aparecer junto al estrés, la ansiedad o la depresión.

Hay investigaciones que nos hablan también sobre el impacto del herpes zóster (erupción cutánea vesicante y dolorosa similar a la varicela) o el herpes genital en personas con algún trastorno del estado de ánimo. Todo ello hace que sea indispensable profundizar mucho más en esa relación entre el sistema inmunitario y los trastornos emocionales.

Síntomas, causas y tratamiento

Los virus del herpes son más complejos de lo que podamos pensar. Tienen como peculiaridad esconder su genoma, por lo que es común que permanezca latente de por vida. Es por ello que suele aparecer cuando menos lo esperamos. A veces durante un resfriado, durante el síndrome premenstrual, cuando tomamos mucho el sol o bien en períodos de estrés y ansiedad.

Esto podría ser peligroso en algunos casos. Hay diversos tipos de herpes y algunos son oncogénicos.

  • El herpes simplex tipo 2, que se manifiesta en la zona genital, puede cursar en ocasiones con el cáncer de útero. Así, el hecho de que los trastornos emocionales impacten en la reaparición de estos tipos de virus latentes, es un riesgo que debemos entender y considerar.
  • El herpes simplex (HS1) cursa con una enfermedad leve y rara vez trae complicaciones más serias. Surge con la febrícula y se manifiesta con las clásicas ampollas alrededor de la boca o la nariz. Está demostrado que el estrés puntual, pero intenso puede afectar a la inmunidad. Entre todos los síntomas físicos que podemos experimentar (dolor muscular, cefalea,alteraciones digestivas, etc), la aparición del herpes simple es algo bastante común.
  • Los trastornos emocionales se asocian con un riesgo elevado de padecer herpes zóster. Es una infección generada por la reactivación del virus varicela-zóster. Cursa con un sarpullido cutáneo en la zona del rostro, tórax o espalda. Así, y además de las clásicas ampollas, aparece también dolor neuropático debido a la inflamación de los nervios de esa área afectada.Este tipo de herpes se reactiva solo cuando llevamos semanas o meses con un trastorno del estado de ánimo, ya sea el estrés o una depresión.

¿Cómo es el tratamiento?

El tratamiento del herpes por estrés pasa siempre por entender un aspecto. Hasta hoy, seguimos sin entender por completo el mecanismo por el que surgen estos tipos de virus capaces de permanecer latentes y emerger de manera inesperada. Hacerlos desaparecer resulta casi imposible y, de algún modo, acabamos acostumbrándonos a su reaparición cuando estamos enfermos, cuando tenemos las defensas bajas o sufrimos algún trastorno emocional. Por tanto, lo más decisivo es atender en primer lugar a la salud física.

La buena alimentación, protegernos frente a las enfermedades de transmisión sexual y realizarnos revisiones periódicas es recomendable. Ahora bien, disponer de algunas estrategias básicas para lidiar con el estrés cotidiano es imprescindible.

  • Debemos practicar una “buena higiene mental”, es decir, cuidar de todo aquello que pensamos y nos decimos a nosotros mismos. Los pensamientos irracionales son 2 grandes enemigos.
  • Aprender a resolver problemas antes de que estos se conviertan en una montaña. Hacer frente a los desafíos cotidianos con calma, seguridad, decisión y originalidad nos puede ayudar.
  • Las técnicas de relajación y respiración son ejercicios muy saludables para cada día.
  • Tener a alguien con quien hablar, disfrutar de instantes de ocio y tener tiempo para nosotros mismos es muy recomendable.

Para concluir, aunque nos hayamos acostumbrado a este tipo de situaciones en las que, de pronto, nos salga un herpes en el labio a raíz de un examen, una entrevista o un problema con la pareja, es necesario recordar un detalle. Detrás de estas manifestaciones hay una serie de emociones que son clave y que debemos atender.

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