La regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria

“La primera riqueza es la salud” -Emerson-

No todos tenemos la misma habilidad para reconocer, aceptar y regular nuestras emociones. ¿Conocés a alguien que muy pocas veces reconozca que algo le molesta? ¿O que le resulte difícil manejar sus emociones negativas?, Tanto que, la mayoría de personas que la o lo conocen saben que tiene un problema con la ansiedad o con la tristeza. La realidad es que reconocer, aceptar y regular nuestras emociones son capacidades que influyen de forma notable en los distintos trastornos psicológicos, incluidos los de la conducta alimentaria.

En primer lugar, hay que destacar que la regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria es diferente a la de las personas que no sufren patologías psicológicas, según diversos estudios científicos. Por un lado, se ha encontrado que presentan mayor alexitimia. Es decir, tienen más dificultades para identificar y describir los sentimientos. Como es lógico, cuando uno no sabe reconocer las emociones que siente, va a tener más problemas para elegir la mejor estrategia que le permita regularla.

Por ejemplo: si estamos enojados pero no nos damos cuenta de ello, ¿cómo podremos entonces lograr hacer algo para que esa bronca y enojo disminuya? Es complicado. Esto es uno de los problemas que tienen de regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria. Pero a esto hay que añadir otro hándicap: el uso de estrategias inadecuadas para reducir el malestar. Es decir, cuando son conscientes de que se sienten mal, no se «manejan» en este estado de forma adaptativa. Por el contrario, tratan de manejar esas emociones mediante el escape, evitándolo o negándolo. Estas conductas lo que provocan en realidad es un efecto rebote, dando lugar a una cronificación de sus emociones negativas. A corto plazo, va a conseguir que ese malestar disminuya. Pero a la larga va a producir que cada vez le generen más emociones negativas dosis más pequeñas de ese malestar. Por ende, éste irá increscendo. Este círculo vicioso se observa también con las personas que sufren de «atracones» con la comida. La persona come porque se siente mal, pero luego se tortura a sí misma por la sobreingesta, por lo que trata de purgarse, lo que le lleva de nuevo a experimentar emociones negativas porque sé que eso que hago está mal.

¿Por qué es importante mejorar la regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria?

Después de lo explicado hasta ahora, está claro el papel que juega la regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria y la necesidad de mejorarla. Por un lado, es importante cambiar la restricción de los alimentos o los atracones (y consecuentes purgaciones) por otras estrategias de afrontamiento y manejo emocional más adaptativas (mejores para la persona que las emplea). Pero no solo hay que trabajar esto para que mejoren las conductas patológicas que se llevan a cabo cuando uno padece esta enfermedad. La realidad es que ser capaces de aceptar, identificar y expresar nuestras emociones nos beneficia a nivel global, produciendo una sensación de bienestar físico y mental.

Además, ser capaces de regular nuestras emociones negativas de forma adecuada, mediante estrategias de afrontamiento adaptativas, va a hacer que los niveles de ansiedad, tristeza e ira que sintamos disminuyan. De hecho, se ha encontrado que trabajar la regulación emocional en los trastornos de la conducta alimentaria mejora notablemente su pronóstico. Comer no es solo un placer material. Comer bien da una alegría espectacular a la vida y contribuye en gran medida a la buena voluntad, a la moral y a la felicidad.

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