La relación entre el estrés y el dolor de garganta

El dolor de garganta por estrés es un tipo de afección que muchos hemos experimentado alguna vez. Afonía, sensación de nudo en la garganta, dolor al tragar… Muchas de estas molestias las podemos tener cuando pasamos por una de esas épocas en que las preocupaciones son muchas, las presiones infinitas y el tiempo de calma y descanso escaso.

A veces, descuidamos (o desconocemos) las múltiples formas en que el estrés o la ansiedad impactan en la salud. Somos conscientes de la sintomatología emocional y cognitiva, como la angustia, el agobio, los problemas para tomar decisiones o centrar la atención… Ahora bien, en ocasiones, no relacionamos ese problema de insomnio o ese dolor de estómago con dichos estados psicológicos.

Esto hace, por ejemplo, que acudamos a atención primaria en busca de ese fármaco para calmar la tos, la sequedad y el dolor de garganta. Nos decimos que será un resfriado o alguna alergia. Pasamos por alto que aquello que nos estuvo dando vueltas en la mente durante días o semanas y que, acaba adheriéndose también al cuerpo y hasta a las cuerdas vocales.

Todo dolor de garganta nos pone en alerta. La clásica picazón o inflamación nos asusta porque puede ser origen de una enfermedad viral. Los resfriados y las gripes suelen ser la causa más común. Las alergias, por su parte, también desencadenan esta afección. Ahora bien, el dolor de garganta por estrés nos puede extrañar porque no hay un factor vírico o alérgico concreto. Lo que desencadena esa molestia es un estado psicológico.

Entendemos el estrés como ese agotamiento mental y físico ocasionado por unas exigencias que nos superan y que no podemos controlar.

La tensión muscular (disfonía)

La disfonía es un trastorno que afecta al timbre de la voz. De pronto tenemos ronquera, afonía o una tonalidad algo extraña. Además, sentimos molestias, como cuando hemos gritado mucho y percibimos la garganta cansada, inflamada. Es interesante saber que las disfonías pueden aparecer en situaciones de estrés elevado. A veces, el simple hecho de hablar en público puede ocasionarlo. El origen está en la tensión muscular de esta área de la garganta. Los niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés, estarían detrás de esta situación.

Cuando te cuesta tragar

¿Alguna vez sentiste un nudo en la garganta? Esa sensación en la que de pronto nos cuesta tragar saliva y sentimos incluso como si algo obstruyera la faringe, recibe el nombre de globo faríngeo. Ocurre en estados intensos de estrés o ansiedad. Son situaciones en las que el cerebro nos prepara para huir o hacer frente a un estímulo peligroso y amenazante.

Para ello, lo que hace es bloquear procesos relacionados con la digestión o la deglución. Se prioriza, por ejemplo, llevar más oxígeno a los músculos de las extremidades y reducir tareas como la producción de saliva. Todo ello hace que la garganta se tense, que nos cueste tragar y que sintamos incluso cierta sensación de ahogamiento. Son situaciones más extremas.

Cambios en nuestra respiración

El dolor de garganta por estrés también puede ser el resultado de un cambio en la respiración. Cuando pasamos por esas épocas de mayor intensidad fisiológica, de angustia, preocupación y presiones externas solemos experimentar lo siguiente:

  • Tenemos mayor tendencia a respirar por la boca en un intento por obtener más aire. Esto hace que la garganta se reseque y duela.
  • Los estados de estrés largamente mantenidos en el tiempo derivan a menudo en alteraciones del sueño. Algo común es sufrir taquicardias, respiración acelerada… También en esas horas nocturnas es común acabar respirando por la boca de manera que es común sufriendo irritaciones, sequedad, molestias…
Mujer relajándose para aliviar el Dolor de garganta por estrés

¿Qué podemos hacer para evitar estas situaciones?

Todas estas alteraciones que tienen como origen estados como el estrés o la ansiedad requieren básicamente cambios en el estilo de vida. El dolor de garganta por estrés es solo un síntoma, la manifestación de algo que debemos atender, cuidar y manejar. Veamos no obstante algunas estrategias:

  • Detectar las fuentes o situaciones estresantes y toma decisiones. Pequeños cambios pueden suponer para ti grandes ventajas para tu bienestar.
  • Atender nuestrospensamientos y tomar conciencia de esas ideas desgastantes, negativas o irracionales que atentan contra nuestro bienestar.
  • Aprender nuevas técnicas para solucionar problemas. Evitar, sobre todo, que eso que nos preocupa hoy seguirá presente los días o meses siguientes.
  • Aplicar técnicas de relajación y respiración (como la técnica de la respiración profunda o diafragmática).
  • Descansar lo suficiente, cuidar la higiene del sueño.
  • Realizar ejercicio físico. Mantenerse activo, practicar algún deporte aumenta la resistencia y el tono muscular. Esto nos permite no solo ganar en bienestar, mejoramos también nuestra respiración.

Lo más adecuado en todos los casos es acudir primero a nuestro médico y descartar problemas víricos, inflamaciones o alergias. En caso de que esta molestia sea una constante en épocas de estrés, no dudemos en hacer uso de estos consejos o consultar con un profesional especializado.

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