Las semillas de cáñamo son la gran tendencia en materia culinaria

Todos los días, la ciencia nos ayuda a descubrir nuevas bondades de ciertos los alimentos. Primero fue el turno de la spirulina, después del matcha, la cúrcuma, el kale y tantos otros ingredientes que aportan increíbles beneficios para la salud. Ahora, el nuevo descubrimiento involucra a las semillas de cáñamo o marihuana, que gracias a su legalización en varios países (empezando por Holanda y pasando por Portugal, algunos estados de Estados Unidos y Uruguay, entre varias otras naciones) están ganando cada vez más terreno en las cocinas de los «foodies» o amantes de la comida.

Resulta ser que, al igual que tantas otras semillas, abundan en beneficios: son sumamente proteicas (tienen entre un 50 y un 70 por ciento más de proteínas que las semillas de chía o de lino), son fuente de magnesio, zinc, hierro, omega 3 y vitamina E, y gracias a su alto concentrado de ácidos grasos esenciales, mejoran el aspecto de la piel y hasta podrían ayudar a tratar problemáticas como la psoriasis, el eczema y la rosácea.

Tanta popularidad se debe además a que la mayoría de las variedades a la venta carece -o tiene muy bajas dosis- de tetrahidrocannabinol (THC), el compuesto psicoactivo de la marihuana que genera el famoso efecto letárgico propio del resto de la planta. A esto se suma su sabor un tanto «almendrado», lo que las vuelve aliadas gastronómicas ideales de batidos proteicos, barras de cereales, ensaladas y yogures, entre muchas otras delicias.Calificadas alrededor del mundo como un súper alimento gracias a su enorme cantidad de propiedades benéficas, cada vez son más los productos que las incluyen.

Sin embargo, poder conseguir este alimento no es tan sencillo: todo depende de la legislación del país del que estemos hablando. Mientras que en Uruguay, España y Chile la tenencia y comercialización de semillas es libre, y comprarlas a veces es tan fácil como darse una vuelta por un súper o una casa naturista, acá en la Argentina tenerlas en tu casa podría generarte un dolor de cabeza.

Es que las leyes locales no distinguen el consumo propio de la comercialización, si bien -fallos judiciales de por medio- se presume que contar con dos plantas equivale a una mini producción de consumo personal. En cuanto a las semillas específicamente, como estas aún no tienen un sexo desarrollado y tienen «un potencial de femineidad» (recordá que son las plantas femeninas las que generan los efectos relajantes tan buscados, no las masculinas), la ley puede castigar su tenencia hasta bien el acusado no demuestre por vía judicial que estaban destinadas a hacer smoothies y no una plantación ilegal.

Es decir que, si querés tenerlas en tu cocina, lo hacés bajo tu propio riesgo, porque en caso de un allanamiento, vas a tener tener que explicar por qué las tenías en tu posesión. Así el estado de las cosas.

Por otro lado, también hay que contemplar los posibles efectos sobre la salud en relación a su falta de legalidad y, por ende, de regulación en el mercado. Si bien la mayoría de las semillas vienen de variedades de plantas con bajos niveles de THC, la clandestinidad local hace que sea imposible rastrear exactamente de dónde provienen y sus efectos psicoactivos.

Muchos especialistas las desaconsejan hasta bien no sean legales y hasta que el ANMAT no se expida sobre ellas y, afirman que hay que tener en cuenta que las concentraciones de THC de semillas y plantas dependen de las condiciones climáticas y del suelo del cultivo, algo que sin ningún tipo de regulación por parte del Estado no se puede garantizar.

Mientras el consumo mundial no para de crecer y la moda se instala, los amantes de las novedades culinarias del país van a tener que decidir si arriesgar su salud y su libertad en pos de probarlas, o bien esperar a que se apruebe una nueva ley en el Congreso, algo que desde hace varios años viene amagando en ocurrir, sobre todo si tenemos en cuenta que en la Argentina existe un borrador de reforma del Código Penal que despenaliza la tenencia de sustancias de baja psicoactividad, como es el caso de la marihuana y, por ende, de sus semillas.

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