Pros y contras de los suplementos dietarios

Desde hace muchos años se incorporaron los suplementos con la idea de mejorar el rendimiento deportivo e, incluso, como una forma de reemplazar alimentos o comidas. Por supuesto que esta fue una visión puramente comercial, impulsada por las empresas y no por médicos. Los primeros en incorporarlos fueron los deportistas, ya que solucionaban algunos problemas y mejoraban su desempeño. Sin embargo, no existía evidencia científica que avalase estos productos. Los resultados de las investigaciones eran controvertidos y, en algunos casos, contaminados por intereses empresarios.

En la actualidad, se vuelve a mencionar la importancia de los suplementos. Esto es debido a que los alimentos que consumimos pierden un porcentaje importante de nutrientes producto de la contaminación ambiental y los pesticidas en los campos, entre otras cosas. Sin embargo, deberíamos cambiar su denominación y hablar de complementos dietarios. Su utilización se aconseja cuando la cantidad de calorías que se deben consumir no alcanza para cubrir los requerimientos diarios.

Los suplementos que causan daño

Durante la adolescencia y la juventud, es habitual que los jóvenes busquen mejorar su imagen corporal. Lamentablemente, en algunos lugares a los que concurren se los invita a ingerir o comprar suplementos a base de esteroides anabólicos, que son muy perjudiciales para la salud. Todos los esteroides anabólicos son derivados de la testosterona (hormona masculina). Los perjuicios que pueden presentar a la salud son innumerables y entre ellos se encuentran: agresividad no controlada, aumento de la tensión arterial, aumento del colesterol,infartos, peliosis hepática (quistes o lagunas de sangre en el hígado),cáncer de hígado, cáncer de próstata, cambio de voz irreversible en la mujer, aumento de los pectorales en el varón semejando pechos femeninos (ginecomastia), a veces acompañado de secreción láctea, disminución de la potencia sexual (libido), atrofia testicular. Los esteroides anabólicos deben ser indicados en forma exclusiva por el médico, cuando sean necesarios para determinadas enfermedades. En estos casos, será el experto quien evalúe y dosifique.

Dentro de los denominados suplementos sanos, encontramos a los anabólicos no esteroides. Son aminoácidos con un impacto completamente diferente que los anteriormente mencionados. Suelen indicarse para recuperar la fatiga producida por el entrenamiento; aumentar las defensas inmunitarias; incrementar la masa muscular (como complemento al trabajo en el gimnasio) o estimular la hormona de crecimiento. Para entender rápidamente qué son, pensémoslo de esta manera: una pared sería la proteína completa, mientras que los ladrillos que la construyeron representan los aminoácidos. La biblioteca internacional se divide entre quienes están a favor y aquellos que consideran que solo tienen un efecto placebo, pero esto no impide su uso.

En la actualidad se emplean en todos los ámbitos, deportivos y no deportivos. La causa es que las personas que tienen distrés –producido por la forma de vivir, el trabajo agobiante y la vida acelerada– recurren a estos suplementos. De esta forma buscan sentirse mejor y sobrellevar el día a día de forma más placentera.

No se puede asegurar la efectividad de estos aminoácidos si no hacemos actividad física. El ejercicio es el verdadero motor para luchar contra el estrés y las enfermedades crónicas no trasmisibles. Asimismo, si acompañamos este tipo de suplementos con otros vinculados a los carbohidratos, las vitaminas y los minerales nos acercaríamos un poco más a lograr el estado de bienestar que buscamos. En el caso de los deportistas, esta combinación podría hacerlos sentir más seguros para entrenar intensamente. De cualquier manera, siempre es preciso consultar con un médico el tipo y la cantidad de complementos antes de incorporarlos a la dieta.

En conclusión: la única forma conocida y documentada de optimizar la salud integral, y no solo la mental, es a través del buen hábito nutricional, la actividad física y el descanso adecuados. Los hábitos no se suplementan, no se medican, ni se operan.

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