¿Qué son los fraudes alimentarios?

En estos últimos años, los fraudes alimentarios han generado desconfianza en los consumidores y las autoridades sanitarias, así como en la industria, que cuenta con pérdidas millonarias. Esto hizo que se hayan redoblado las medidas para contrarrestar la práctica de métodos deshonestos y engañosos. Así detectaron algunos casos relacionados con el fraude alimentario.

Los fraudes alimentarios se presentan cuando alguna empresa incumple intencionadamente la legislación relacionada con el comercio de productos. Es decir, los etiquetados nutricionales expresan una cantidad o calidad inferior o distinta a la indicada en el envase. Un claro ejemplo  es la utilización de sustancias para ocultar, cubrir o disfrazar ingredientes de menor calidad. También,  se hace para reemplazar un alimento por otro, cuando en ningún momento el etiquetado lo menciona. Ocurre igual al realizar declaraciones falsas sobre el origen de las materias primas.

Estos ejercicios no necesariamente representan un riesgo para la salud. Sin embargo, sí influyen notablemente en la confianza de los consumidores y en la imagen de la industria alimentaria en general.

¿Cuáles son los alimentos más proclives a sufrir un fraude a nivel mundial?

  • Las Especias: este grupo es uno de los alimentos más antiguos relacionados con los fraudes alimentarios. Sobre todo los condimentos como la pimienta, orégano o el azafrán. Un ejemplo claro de esta práctica sucedió en Australia en abril del 2016. Gran parte del orégano que distribuían las empresas se reemplazó por hojas de olivo molidas. En ciertos casos la alteración rondaba el 90%.

  • Los jugos de frutas: los jugos envasados, sobre todo los elaborados con naranjas, manzanas y granadas, son altamente vulnerables al engaño alimentario. Puede que los ingredientes que se encuentran en sus etiquetados sean totalmente opuestos a los de su contenido. En ciertos casos no ingerimos concentrados de frutas, sino edulcorantes, jarabes de maíz, extractos de flores o colorantes diluidos en agua. Para identificar este fraude, las autoridades reguladoras realizan análisis para comprobar la presencia de sorbitol en el jugo. Así, detectan si el azúcar que contiene es natural o se ha añadido de manera artificial.
  • El Café: aunque su costo no es tan elevado, los falsificadores adulteran su origen y el procedimiento de elaboración. Todo con el propósito de aumentar su precio. En ese sentido, hacen pasar al café de calidad inferior por uno de mayor categoría al mezclar los granos. También proporcionan información falsa en el etiquetado e introducen elementos que, cuando se muelen, tiene una textura parecida a la del producto.
  • El aceite de oliva: es uno de los alimentos más populares en este tipo de fraude, ya que es difícil lograr valorar el origen o calidad. Aunque se puede detectar, el volumen que se inspecciona es insignificante. Distintas agencias sanitarias muestran como ejemplo que el 80 % del aceite de oliva italiano que está presente en el mercado es falso. Esto se debe a que se mezcla el de oliva con otro de menor valor como el de cacahuete o avellana, así como de girasol. Aunque esta práctica no suele personificar un riesgo grave para nuestra salud, sí deteriora nuestros bolsillos. Después de todo, estamos pagando un precio elevado por un producto falso.

  • La Miel: por lo general, la miel se elabora a base de mezclas de azúcares originarios de países como China. Estos elementos contienen metales pesados, pesticidas o antibióticos, entre otros, lo cual está muy lejos de lo que estipula la legislación.
  • La Leche: es un alimento muy falsificado, en especial en países asiáticos, donde es alterado con sustancias como melanina, suero, caña de azúcar y proteína de la leche. En Europa también se han modificado, sobre todo con mezclas de leche o agua de baja calidad.

La carne, el arroz, el té, el vino, los pescados y los alimentos ecológicos son otros productos con mayor riesgo de sufrir falsificaciones. Estas falsificaciones suelen ser de procedencia y elaboración para multiplicar los ingresos a través de una inversión de calidad inferior. Dada esta situación, debemos estar muy pendientes de los productos que compramos y asegurarnos que sean de la mejor calidad. Así protegeremos nuestra inversión y la salud de nuestro organismo.

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